Todo el mundo quejándose de la crisis, crisis por aqui, crisis por allá.
¿Realmente existe una crisis o es la oportunidad de cambiar y de hacer algo nuevo?
Está claro que es algo casi tangible, todos sentimos en nuestras vidas diarias que debemos apretarnos más el cinturón porque ya no podemos llevar el tipo de vida acomodada al que estábamos acostumbrados.
Pero tal vez sea eso, “no podemos llevar el tipo de vida acomodada al que estábamos acostumbrados” y, ¿a qué tipo de vida estábamos acostumbrados?. Hemos crecido en una época mentirosa, donde se nos ha mentido desde un principio, se nos ha mentido en diversas creencias como lo son que hay que meterse en una hipoteca para poder tener una vivienda digna, y ya metidos, mejor una grande que una pequeña, que hay que cambiar de coche cada cinco años, que hay que comprar un coche familiar cuando tienes un niño porque asi todo será más cómodo, que hay que tener hijos cuando se llega a una edad porque sino eres un apartado de la sociedad, que hay que tener el último modelo de computadora del mercado, el último grito en televisor, en DVD, mp3, mp4, etc….
A eso hay que añadirle lo que nos han mentido las sucursales bancarias y los gobiernos que, en cierto modo han jugado al Monopoly, haciendonos creer que simples papeles con tal o cual firma o sello avalaban cantidades de dinero astronómicas, cantidades de dinero que ahora sabemos que núnca existieron, y que, para compensar la gran diferencia entre el dinero real y el que hemos creido que existia, ahora, nos ha llegado eso que llaman la inflacción, la devaluación de las monedas de todo el mundo a fin de que el dinero real pueda avalar las cantidades imaginarias con las que hemos estado viviendo hasta hoy.
¿Eso es una crisis?
En cierto modo lo es. Lo que compramos, nuestro salario, lo que venderemos, nuestro trabajo, todo eso ahora vale menos, tanto menos en tanto menos dinero hay en proporción con el que hemos creido que había.
¿Y a quién beneficia ésto?
Sin duda a las entidades financieras, que partiendo tal vez de un inicio de arcas vacías han logrado enriquecerse gracias a los intereses aplicados a unas cantidades ficiticias que en un primer momento nos hicieron creer que nos dejaban; y como no, al responsable último de todo negocio económico, los gobiernos. Entre unos y otros se han garantizado un sistema de esclavitud donde se ha asegurado durante mucho tiempo el enriquecimiento a través de los intereses y otros engaños. Un sistema de esclavitud donde núnca ha faltado la mano esclava que, además, sonreía estúpidamente pensando que tanto esfuerzo obtendría al menos la recompensa de ver todo eso convertido en bienes gananciales.
Pero ahora hemos despertado del letargo ¿no?
Los esclavos hemos descubierto que todo es un engaño, que el sistema no merece la pena nuestra esclava aportación porque es un sistema corrupto.
Todo ésto que está sucediendo, duela o no, sea más o menos fácil de sobrellevar es, sin duda, un tirón de orejas, un ánimo al despertar de otro tipo de mentalidad, la apertura a una nueva consciencia, el desarrollo de nuestra inteligencia en el camino de empezar a pensar que las cosas se pueden, y se deben hacer de otra forma, y ésto, lo aceptemos o no, que duda cabe que es una oportunidad, una oportunidad de volver a empezar, de decidir no seguir en el redil, de hacer las cosas de otra forma, de no depender tanto de las cosas materiales, de descubrir que nuestro coche puede durar más de cinco años, que podemos vivir en una vivienda de menos de cincuenta metros cuadrados, que no necesitamos una televisión en cada estancia de la casa, etc, etc.
No son pocas las civilaciones que desde el principio de los tiempos hablan una y otra vez de la necesidad de un cambio de mentalidad en la sociedad humana para la llegada de esa tan esperada “Era de Acuario” en la que entraremos supuestamente el 21 de diciembre del 2012, tal vez ésta tan mal llamada crisis, sea en realidad la oportunidad que todos aquellos oráculos estaban esperando.

